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Jardín Japonés
Ecolito y su amiga la Golondrina viajera me contaron que …
Era un amanecer radiante cuando caminaban lentamente por el Jardín
Japonés. Los primeros rayos del Sol despertaban a la multitud de
pájaros que conviven y entonan sus trinos en franca convivencia. Los
patos nadaban y jugaban con infinitos kois. Algunas plantas
brillaban con las gotas de rocío que las adornaban. Las Flores
curiosas sonreían ante tanta hermosura. Un hornero travieso se
posaba en el casco del guerrero samurai.
La brisa quiso jugar y trató de que la Campana de la Paz emitiera su
sonido.
No pudo. Llamó al viento y le pidió que lo hiciera.
Éste se negó, alegando que no era necesario ya que el Jardín
representaba la Confraternidad Argentino Japonesa. Que era símbolo
de unión entre dos naciones.
Ecolito sonreía. La Golondrina Viajera saltaba, volaba, giraba,
giraba, de la misma manera que lo hacía la Tierra.
Ambos, se quedaron quietos detrás de unas azaleas. Llegaban niños y
adultos a disfrutar y a aprender.
Eran recibidos con sonrisas.
Quise saber más pero son tan discretos que guardaron silencio. Supe
respetarlo, porque los silencios también dejan enseñanzas. Les pedí
permiso para contarles esto.
Sólo sonrieron. Comprendí que me lo habían concedido.
¡Gracias! ¡Muchas gracias!
Alicia Martha L. de Fernández
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Alicia Martha L. de Fernández
Coordinadora de Huerta Orgánica |
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